Creciendo
Con David

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"El regazo en que caemos al nacer decide nuestra felicidad o desgracia. ¡Dichoso el hombre sobre el cual han llovido como celestial rocío los besos de sus padres! Estos besos se filtran por la tierna carne del niño y llegan hasta el corazón y lo reblandecen para siempre. Quien haya tenido padres justos y amorosos jamás odiara en conjunto a la humanidad, porque aquellos seres adorados pertenecen a ella. Por el contrario, si el hado adverso le ha deparado un nido helado, nunca podrá echar de sus huesos el frío."
(Armando Palacio Valdes)

Los malditos mocos.

Publicado el 22 de abril de 2012 a las 3:29 PM

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Como sabeis este es el primer año de cole de David.

Siempre me dijeron que el primer año sería terrorífico en cuanto al tema enfermedades, que cazaría todo virus que pasara por su lado. Empezamos el año un poco preocupados, pensando que las otitis, gastroenteritis y todas las itis posibles iban a visitarnos, pero afortunadamente no ha sido así. De lo que no nos hemos librado es de que el pobre David va encadenando constipados… aún no se ha librado de uno y ya ha enganchado otro!. Sé que este es el menor de los males, pero no deja de ser desesperante no parar en todo el año de verle moquear o de oirle toser.

La verdad es que David es un niño muy fuerte (a pesar de lo esmirriaillo que se le ve) y tiene una capacidad de recuperación impresionante, pero este año no levanta cabeza… todo el curso con mocos!!!

Espero que ahora con la llegada del buen tiempo tengamos un poco de descanso, aunque ya me anuncian que la primavera trae nuevas cositas.. varicelas, piojos…

En fin, que haciendo balance, este primer curso, en lo que a salud se refiere, no ha sido tan dramático como algunos nos lo pintaron, pero estamos de toses y mocos hasta el gorro. Cruzo los dedos esperando que esto sea solo el primer año!!!

Que tengais un buen domingo y un feliz comienzo de semana. Nosotros mañana iremos al cole si las toses nos lo permiten!

Para reflexionar.

Publicado el 16 de abril de 2012 a las 3:22 PM

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Estoy leyendo un libro llamado “Concebir un hijo, un camino de transformación y de creación”, que recomiendo encarecidamente a todas las mujeres que desean iniciar la maravillosa aventura de crear una nueva vida.

Es un libro para reflexionar, para mirar dentro de una mismo y para abrir la mente.. lo empecé hace un año y lo cerré a las pocas páginas… no estaba preparada para leerlo! pero ahora lo he abierto y lo estoy disfrutando muchisimo. De hecho, me está ayudando a comprender algunas cosas de mi misma y, sobretodo, me está dando pistas de algunas cosas que permanecen ocultas en mi y que parece que quieren salir.

Ayer leí un fragmento que me hizo pensar mucho.. al principio pensé “que tonteria!” pero pasó el rato y el texto seguía resonando dentro de mi con muchisima fuerza. Y descubrí que a veces algo tan simple como lo que os voy a escribir a continuación, te puede dar mucha más información acerca de ti mismo de la que jamás imaginaste.Os copio:

“Un paseante nocturno se encontró a un hombre muy afanado dando vueltas alrededor de una farola en actitud de buscar algo y le preguntó: “¿Está buscando algo?”. “Si, mis llaves”, respondió el buscador. “Las ha perdido aquí”. “No, las he perdido en mi coche”. “Entonces, ¿que hace buscando aquí?” preguntó extrañado en viandante. “Es que aquí hay más luz”.

Parece absurdo verdad? pues ahí os lo dejo, a ver que os dice, a ver si os resuena. Al principio pensé “menudo tío simple, dnado vueltas a la farola”..luego pensé “joder, más simple soy yo de no haberme siquiera dando cuenta hasta hoy de que estoy dando vueltas a la farola cuando ahí no puedo encontrar lo que necesito”.

En fin, a mi me ha hecho pensar, así que ahí os lo dejo!

Una espera demasiado larga.

Publicado el 9 de abril de 2012 a las 11:48 AM

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Sé que tengo que ser paciente, que la impaciencia no ayuda. Sé que no está en mi mano, que las cosas ocurrirán cuando tengan que ocurrir y que nada puedo hacer para adelantar ese momento (como también sé que no debo tratar de adelantarlo). Sé que tengo que confiar en la capacidad de mi cuerpo y el de mi pareja. Sé que tengo que confíar en la naturaleza.

Pero aún sabiendo todo eso la espera se hace larga y en ocasiones muy dura.

Casi al año de comenzar la búsqueda de este bebé que se resiste a llegar me quedé embarazada… pensé que ya estaba, que al fin lo habíamos conseguido, pero como ya sabeis, ese diminuto ser se despidió de nosotros sin apenas darnos tiempo a darle la bienvenida. Sé que si esto fué así es porque esa era la experiencia que ese ser necesitaba vivir y que mi cuerpo le acogió para brindarle la posibilidad de vivirlo. Ahora el sigue su camino y nosotros, aunque tristes, estamos satisfechos de que forme parte de nuestra familia.

Y ahora seguimos esperando que otro angelito nos elija como papás.

Hace mas o menos tres meses, un pensamiento (o como lo queramos llamar) llegó hasta mi con una fuerza que me impresionó. De pronto, el nombre de María se instaló en mi cabeza, sin saber muy bien como. De pronto sentí que María, una linda niña, me había escogido como mamá y que se había comunicado conmigo para hacermelo saber. Nosotros, por ideas religiosas, ese es el último nombre que pensaríamos para nuestra hija, puesto que nosotros nos llamamos Joaquín y Ana, y ya nos parecería rizar el rizo (no somos demasiado católicos).

Pero María contactó conmigo, y durante unos días la sentí presente en cada uno de mis actos, sentí que me acompañaba. No sé si María será la que tiene que venir o si será el ser que nos acompañó durante unas semanas, solo sé que la sentí.

Quizas penseis que estoy como una regadera, que todo esto no son más que imaginaciones mías. Y quizas, muy posiblemente, tengais razón. Pero no cierro la puerta a que quizas, solo quizas, mi hija, (la que vendrá, la que no llegará o la que se fué) ha querido que sienta su presencia, ha querido pasar a formar ya parte de nuestra familia. Yo le abro las puertas de mi casa, de mi cuerpo y de mi alma y le doy las gracias por el enorme regalo que me ha hecho.

Pero los meses pasan, los ciclos se suceden y cada vez cuesta más no perder la esperanza en que, quizas muy pronto, pueda sentirla conmigo de una manera tangible y darle ese gran abrazo que, hasta hoy, solo he podido darle en sueños.